AUDIO DE PRESENTACIÓN
El alferez

DEPOSITO LEGAL
A la orden del Capitán…, y cuando las voces de mando de los Alféreces, los gritos de los
Sargentos y Cabos, atronaban el ambiente, los guiones se pusieron en los
vértices. Con aquella referencia y obedeciendo al estridente silbido de un pito, hicieron la formación con gran diligencia y a paso ligero. Era un pequeño
cuerpo de ejército español del Tercio
Viejo de Italia….
…. — ¿Quién llama, Jacinta?
—Un hombre, muy barbado,
que por su pinta y vestimenta parece un indigente, mi Sra. —Dice que no ha
comido desde ayer por la mañana.
—Pues dale unas monedas y
que compre de lo que más le pluguiese—Contestó D. ª Virtudes.
En aquel momento, el
hombre habló en voz alta como queriendo
recalcar, bien, lo que decía:
— ¡Muchas gracias! Pero
ha de saber mi señora, que yo soy un soldado del Tercio Viejo de Italia y no
acepto limosna—Dijo el hombre con voz aguardentosa.
—Pues que he de hacer, si
vos decís tener hambre y yo propongo
satisfacer vuestra necesidad—Respondió la dueña.
—Aceptaré de buen grado
unas papas de esas que tenéis ahí cocidas para los cerdos, supongo.
—Supone bien, pues en
esta casa no las comemos, pero en los Hospitales de Beneficencia se las están
dando a los enfermos y a los indigentes.
—Desde hoy, también será comida para un soldado licenciado de los Tercios Viejos. Cerdos, indigentes y
solados ¡Buena gente! Pero habrán
resuelto mi estado de necesidad, sin menoscabo del honor. Esto es algo
que agradezco y ¡quedad con Dios, madame!—Dijo el soldado, haciéndola una
reverencia, barriendo el suelo con las plumas de su ajado chambergo.
Se dio la vuelta y marchó
con la misma gallardía que lucía en Los Tercios. En aquel tiempo venían los
señoritos cortesanos desde Paris, para verlos pasar, cuando se dirigían a
Flandes.
Estoy tramitando su próxima edición en ebook y en papel
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